Criticas a su obra

 Es el suyo un universo original y vasto. El mismo universo que una importante cantidad de artistas venezolanos se dedican a ordenar y construir, asi como, a nivel del arte popular, lo hacen los cesteros del Amazonas o los cinéticos Jesús Soto, Otero o Cruz Diez. Así también lo hace Hernández, pero con formas menos rígidas y más ligadas a la fantasía. En cierto sentido Hernández hace descripciones claras y detalladas del real y maravilloso universo latinoamericano, adentrándose también en las tentaciones complejas y universales del arte contemporáneo. Su ejecución es de absoluta pureza, es decir el principio más profundo del sentido ontológico de formación del lenguaje.

Beatrice Viggiani (poeta y crítica de arte)

 

 Enrique Hernández Pérez podría residir en Nueva York o Tokio con el mismo éxito, dado que expresa una pintura impecablemente ejecutada, casi un trabajo de ataujía, con colores vivos o tenues, pero siempre teniendo la precaución de usar todos los matices cromáticos. Su pintura es perfecta para qualquier tipo de ambiente, los cuadros están llenos de imágenes y símbolos que conviven en perfecto equilibrio, ya que se trate de medidas pequeñas, ya sea que el artista se adentre en composiciones complejas con engranajes, tableros de ajedrez, ruedecillas, árboles estilizados, cabezas de tucanes y muchas otras cosas. A veces  se tiene la impresión de estar frente a las fantasmagorías de los flippers, con luces que se encienden, haciendo resaltár éste o aquél detalle.

Enzo Bilardello (profesor de Arte en la Universidad “La Sapienza” (Roma) y crítico de arte en el diario “Il Corriere della Sera”)

 

 A través de las paredes de la psiquis, la herencia cultural y la dimensión luminosa de la naturaleza, la pintura y la gráfica de Hernández se resuelven en preciosos equilibrios, que casi llaman a evocar, más allá de la fábula, una atmósfera de sortilegio secreto, un aura de magia, y de hechizo que tienden a revelar  algo que es, no solamente conclusión de existencia, sino también afirmación de ensueño.

Elio Mercuri (crítico de arte, diario “L’Unità”)

 

 La magia que se advierte desde sus primeras obras muestra una diversa alfabetización de la vida que no es solamente estructural. La magia es la alquimia de las cosas que después de haber sido representadas se convierten en señales y cifras de energía cósmica. Encontramos ritos ancestrales en un paisaje urbano, imagen de nuestras ciudades, donde Hernández transita como emigrante en un continuo viaje y logra re-elaborar sus propias raíces con un código individual en un contexto profundamente diverso.

Gabriella Dalesio (crítica de arte, revista “Flash Art”)

 

 Impávido como un totem, este silencioso Quijote tropical persiste en la pincelada que teje una trama invisible de susurros que nos gritan en la oscuridad. No cabe duda que el paisaje de su alma es una gegrafía vasta y serena. Prepara sus colores enterrando la mano y la herramienta en la materia, hace incisiones como con un bisturí en la tela y se maravilla una y otra vez porque para él pintar es siempre un placer y un descubrimiento.

Marcia Scantelbury ( Responsable de Cultura durante el gobierno del Presidente Ricardo Lagos, Chile)

 

 Hernández retoma la simbología cotidiana, pretérita, contemporánea, geométrica, del futuro, para darnos una obra cuyo mejor sentido está definido por la contemplación, la meditación apacible, o la alegría proporcionada. Pululan, pues, los simbolos como mensajes ópticos, donde la limpidez del trabajo y la globalidad relacionante de los elementos crean diversos y múltiples ambientes pictóricos y gráficos. Pero mas allá de la contemplación, si se quiere, la obra remueve en nuestra mente la idea de perennidad o de relación con ancestro universales donde el tiempo no existe, y la perennidad es el resultado del uso múltiple de signos que, lejos de abarrotar nuestra visión, no orienta cíclicamente del detalle a la globalidad, y viceversa.

Willy Aranguren (Investigador, Museo de Barquisimeto)