18 de julio 1971 – 18 de julio 2021: Cincuenta años de una gran aventura.

 Para los artistas que vivieron la emoción de ser protagonistas en la esfera cultural barquisimetana de los años '70.

foto 1 inicioLos años ‘70 son un momento de nuestra historia que creo aún no ha tenido una reflexión suficiente que ayude a entender el importante papel que desempeñaron los jóvenes que se formaron en ese tiempo en la vieja Escuela de Arte “Martín Tovar y Tovar”, y de quienes en ese momento tomaron su dirección, hecho que ha servido de base para el desarrollo de la plástica barquisimetana. Espero que a futuro se realice un trabajo de investigación que pueda dar una visión más clara de esa página que se escribió en una época que seguramente presentará características particulares.

En esos años en arte giraban por las galerías y museos de la capital del país el cinetismo, el arte geométrico, la nueva figuración y expresiones del arte conceptual que ya por esa fecha había obtenido el reconocimiento oficial con una exposición en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. De toda esta actividad cultural capitalina poca era la información que llegaba a nuestra ciudad, la cual vivía con un ritmo todo suyo, tranquilo y sereno, sin ningún hecho que viniese a interrumpir la silenciosa paz en la que estaba sumida.

En ese clima de serenidad ciudadana es donde se inicia la aventura que llevará a algunos de los participantes de esos días a ser los artistas de hoy.

Con los estímulos y la buena dirección de dos mayeutas, se empezó a crear en los jóvenes espíritus la insurgencia de un arte distinto, apuntando con esto a un cambio para llevar a esa parte de nuestra geografía, Barquisimeto, a inscribirse en el terreno de la contemporaneidad. 

El cambio radical que se produce en esos años incidirá en el devenir de las jóvenes generaciones y marcará una nueva fase en el desarrollo cultural de la ciudad. La propuesta que se gesta y sale de la vieja Escuela de Arte le ofrecía a la comunidad un cambio de paradigma en la manera de enfocar ese campo de la actividad humana que se llama “arte”, de verlo y pensarlo en modo diferente distinto a como hasta esos momentos era habituada a hacerlo.

Esta idea causó revuelo en algunos sectores y al recordar esa situación, pienso en lo que dice Arthur Danto en su libro “Después del fin del arte” (Paidós, Buenos Aires, 2014): “La imposibilidad de imaginar el arte futuro es uno de los límites que nos mantiene encerrados en nuestro propio presente”, y eso era exactamente lo que sucedía. Encerrados en ese parámetro, sólo se veía como arte las imágenes que se apegaban a la narrativa de la mímesis, subvalorando otras cosas que no entraran en ese marco del conocimiento. Por eso, la irrupción en el panorama local de una proposición diferente fue una sacudida para el imaginario colectivo, porque rompía el molde del gusto al que había sido acostumbrado.

En el siguiente escrito se sintetiza nuestra historia plástica, donde se manifiesta lo que fuimos y lo que queríamos hacer: “En principio se hizo pintura española, después francesa; luego incumbió la pintura euro-norteamericana, para alrededor de 1969 dar comienzo en Barquisimeto a la pintura venezolana”. Para mí, esta declaración fue el punto de partida que inició la contemporaneidad en Barquisimeto. Este escrito aparecía en el catálogo que 50 años atrás acompañaba a la gran exposición realizada en el mes de julio de 1971 en el Centro de Historia Larense y que fue ampliamente documentada por nuestro diario regional.

nace KatarsisCuando se hablaba de pintura venezolana, no había la intención de crear formas estereotipadas, sino que dentro a una visión latinoamericana pensar en imágenes que se agregaran al gran mosaico del continente, para contribuir con nuestra acción investigadora a enriquecer la pluralidad que existe en nuestro mundo americano.

No se trataba de negar los logros que diversos creadores habían obtenido en varios lugares del país. Esta “provocación” era, en realidad, un llamado de atención para despertar a nuestra región, aun anclada a moldes europeos del siglo XIX.

Sin embargo, antes de que se produjera la proclama descrita anteriormente así como la gran exposición, habían pasado dos años de intensa actividad de estudio y trabajo.

El inicio de este camino se ubica en la segunda mitad del año 1969, cuando a dos intelectuales recién llegados de Europa, la poetisa italiana Beatrice Viggiani y el pintor venezolano Simón Gouverneur, se les encargó la tarea de dirigir la Escuela de Artes Plásticas, labor que realizaron y ejercieron ambos con rigor y carácter.

En mi recuerdo aún están presentes los estímulos que recibíamos como alumnos, que eran buscar en nuestro espacio los elementos necesarios que nos servirían para construir nuestras propias obras, lo que nos llevó a mirar hacia una creatividad que participara con identidad dentro de un mundo invadido por teorías creadas en otras sociedades, diferentes a la nuestra, ya sea por costumbre que por historia. En pocas palabras, teníamos que ser nosotros mismos y ese fue un desafío que aceptamos gustosamente.

Empezamos a viajar por los meandros de la imaginación, veíamos lo invisible que había en la realidad, buscábamos ese material en nuestro entorno, en la naturaleza, en las huellas dejadas por los primeros habitantes de estas tierras o en sus compendios orales tramandados de generación en generación y custodiados en los dispositivos de la memoria como extremo acto de resistencia, que al ser convertidos en libros, se transformaban en pintura. En los autores se creó un rechazo a las modas, la obra se pensaba como lenguaje y no como fórmula, que fuese vehículo de ideas y que reflejase sentimiento e identidad.

Este proceso rompió el largo letargo en que estaba sumida la ciudad, la cual se convirtió como nunca antes lo había sido en protagonista cultural de la contemporaneidad. Se avivaron las discusiones, llegando incluso a nacer una lucha generacional entre quienes defendían posiciones tradicionales y los que proponían una nueva visión del arte. Es difícil ahora usar la palabra “primavera” para definir un nuevo despertar, cuando ha sido tan inflacionada para señalar actos impuros y violentos en el mundo. Pero sí puedo decir que esos momentos fueron nuevos amaneceres que el endemoniado sol larense iluminó y acompañó, haciéndolos crecer.

Con el transcurso del tiempo tuvimos que enfrentar numerosas vicisitudes ocasionadas por los cambios políticos en la región. Para mí, como para otros la aventura terminó en 1974 cuando se deja la Escuela de Arte y todos emprendimos caminos diferentes. Pero en realidad, poco antes, el grupo que había iniciado este camino ya había empezado a dispersarse. Algunos pasaron a formar parte del planteles educacionales en varios liceos, otros se organizaron en grupos autónomos y hubo quienes viajaron a la capital del país a colaborar con artistas ya afirmados en el panorama nacional.

Pero el contacto no se perdió. Siempre de una u otra manera sabíamos lo que hacían los otros, se mantenía una comunicación. Así fue como en los primeros meses del año 1978 nos dimos cita para tomar la decisión de formar un grupo: ese renacimiento tomó el nombre de “Katarsis”.

Muestra Museo Alejandro OteroLa prosa que el poeta José de los Reyes Pérez escribió para la presentación, ilustra muy bien la incertidumbre que se vivía en la segunda mitad de los años 70, el aislamiento y, finalmente, la unión: “Al principio, caos neutralizaba las mejores aspiraciones de algunos elementos plásticos avanzados. En este tiempo, a unos cuántos se les oscureció el horizonte y cayeron en un profundo letargo que se prolonga hasta el presente. Otros, atizados por la necesidad biológica del arte, por la conciencia del compromiso artístico, aparecían como quijotes en el mercado de la ciudad. Y aunque la conjunción palpita en el ánimo de todos ellos, lejanamente podía pensarse en su realización. Pero así como aparecían, así hicieron contactos y se organizaron, y al final comprendieron que enterrar el romanticismo evidenciaría la madurez alcanzada. Mientras tanto, una gloria repentina se encargó de iluminar definitivamente el escenario. Fue entonces cuando los crepúsculos avivaron sus colores, fue entonces cuando caímos en cuenta de que no todo estaba creado y fue entonces que alguien dijo Katarsis”.

El por qué del nacimiento del grupo se explicaba en los siguientes puntos: su lucha era contra la extemporaneidad que provocaba estancamiento cultural. Ofrecían su aporte, guiados con los recursos teóricos y prácticos dados por el arte universal pero sin depender de ninguna cultura. Que las obras deberían reflejar la realidad latinoamericana para cumplir de esa manera una función educativa, haciendo esfuerzos para difundir sus objetivos plásticos en los más amplios sectores sin distingo de clases. Que se unirían con todos los artistas que de una u otra manera se opusieran a las tendencias estancantes y a cualquier dependencia cultural”. En líneas generales, esos eran los puntos.

El viernes 14 de julio de 1978 apareció en el diario regional “El Impulso”. este manifiesto, que encabezado con: “Y se creó el cielo y Katarsis”. En él se anunciaba a la comunidad barquisimetana el nacimiento de este importante grupo, informando además el lugar, día y hora de la inauguración de su exposición. Entre los participantes, junto a los primeros que habían iniciado la revolución plástica, estaban otros artistas que compartían la iniciativa y las propuestas declaradas en el manifiesto que publicaba el diario. Como forma simbólica, se eligió el mismo lugar que siete años atrás había hospedado las obras que inauguraron la nueva era plástica en la ciudad: el Centro de Historia Larense.

El pequeño periódico-catálogo lo patrocinó la Universidad Centro-Occidental y su realización gráfica fue obra del pintor José Rojas, quien en esos momentos trabajaba en publicidad. En la portada, junto a la escrita Katarsis, aparecía la imagen de un tejido de mimbre realizado por manos de indígenas de la tribu makiritare. Esta alusión al indigenismo, en cierta manera se enlazaba con las últimas palabras de la declaración que aparecía en el catálogo de 1971, porque la imagen se adscribía a una parte de nuestra geografía y cultura que es parte de Venezuela y de nuestro continente. Semiológicamente, comunicaba que se estaba en actitud latinoamericana trabajando con los instrumentos de la modernidad, pero siendo ante todo anticolonialistas. La presentación estuvo a cargo del poeta Freddy Castillo Castellanos.

Estoy convencido que la formación del grupo Katarsis fue importante, ya que nació en un momento necesario y reavivó el deseo de seguir haciendo, buscando y creando, y se demostró que quines en los primeros años de la década habían iniciado este camino no estaban jugando, sino que su trabajo lo hacían en serio. Después de la exposición inaugural se realizaron otras de relieve, tales como las que se montaron en la ciudad de San Cristóbal. Primero en la galería “Ariete” y luego en la “Sala Mendoza”, que era un gran complejo cultural. Ambas iniciativas fueron patrocinadas por la dirección de Cultura y Bellas Artes, hecho que significó un gran despliegue de información tanto de radio, como de prensa.

Siguieron otras exposiciones, la última en la que participé fue dedicada al ocio, ideada por Jesús Páez. Tuvo lugar en la sala de exposiciones de la nueva Escuela de Arte en febrero de 1979.
De allí a pocos meses, partí a Europa e inicié otro camino.

En los años siguientes después de Katarsis, surgieron nuevos grupos que impregnaron linfa y nueva vida a la creatividad. Por lo visto se había hecho camino al andar. La constatación de esa realidad se vio en los inicios de la segunda década de este siglo en las salas del museo “Alejandro Otero” en Caracas, entre los años 2012 y 2013, cuando las políticas culturales del Gobierno organizaron por regiones la actividad artística que se estaba generando en el país. Esto trajo a la luz una gran riqueza de propuestas por parte de los nuevos creadores y de los que ya habían indicado el camino.Muestra Museo Alejandro Otero

Para mí esa ocasión fue una fiesta y un placer reencontrarme con mis antiguos compañeros que aún hoy están en esta aventura. La exposición fue bautizada con la expresión identitaria “Na’guará”. Fue en ese encuentro cuando se asomó la hipótesis de: “¿Y por qué no estos guaros en Europa?”. Fue así que, poco a poco, esa idea empezó a caminar, y como dicen que todos los caminos conducen a Roma, ya en junio del año 2014 Henry Gil, Manuel Rivero, Rafael Reyes, Pablo Pérez, Roseliano García, Miguel Granado, David Escobar, Luis Galíndez, Joel Pacheco, Rodrigo Rodríguez, Luís Eduardo Rodríguez y quien escribe nos encontrábamos exponiendo en el corazón de la cuna del barroco, a dos pasos de la famosa Vía Veneto (la de la Dolce Vita) en la sede del museo “Pietro Canonica”, situado en el centro de la muy conocida Villa Borghese.

Esa exposición se llamó “Paralelo 10”: así se establecía un vínculo entre los artistas y la región, porque este paralelo es la línea imaginaria que se cruza con el Meridiano 70, que pasa por Barquisimeto.

El museo debe su nombre al escultor que lo habitó, quien es además el autor de la estatua ecuestre de nuestro Libertador Simón Bolívar, cuyo original está en una de las salas que nos hospedó como expositores. Las imágenes que vemos en las diversas plazas de nuestro país, así como en los distintos países hermanos de Latinoamérica, son copias de dicha estatua.

Nuestra participación en dicho museo se debió a los buenos oficios de la Embajada Venezolana en Italia, que en esos momentos estaba representada por el Embajador y poeta Julián Isaías Rodríguez, al Instituto Ítalo-Latinoamericano, especialmente al departamento de Cultura dirigido por Silvia Irrzábal, y al municipio de Roma. Nuestras obras fueron acogidas con entusiasmo por el público local e internacional que acudió a visitarla.inauguracion Paralelo 10

Luego, en el mes de octubre del año 2016, se realizó otra exposición en la ciudad de Livorno, en la sede de la Cámara de Comercio “Maremma e Tirreno”, siempre auspiciada por la Embajada Venezolana. Actualmente las noticias que recibo de mis compañeros me informan de la actividad e investigación que cada uno continúa a desarrollar y de su participación en diferentes exposiciones.

Hoy, cuando acuden a mi memoria tantas imágenes de las actividades que se realizaron en los años 70. cuya chispa motivacional salió de la vieja Escuela de Arte, pienso que para ser justos hay que recordar a quienes dieron sus aportes para que Barquisimeto entrara en la era de la contemporaneidad, por lo tanto el merecido reconocimiento va a la poetisa italiana de corazón venezolana Beatrice Viggiani quien, con su crítica y poesía, nos alimentó, dejando además una huella imborrable en la memoria y en las páginas de los diarios de la ciudad; al pintor Simón Gouverneur que supo encausar las inquietudes juveniles que bullían en el grupo que se formaba en esos momentos.

A estos dos maieutas y a sus colaboradores Aguedo Parra y al escultor y dibujante Felipe Herrera va un gracias porque llevaron adelante una idea que en poco tiempo, se convertiría en una realidad, que fue el punto de partida de una revolución en el campo de la plástica local, espíritu que se ha transmitido a través del tiempo a las nuevas generaciones, que han mantenido viva la llama y la visión de la existencia de esa otra dimensión en el campo de la estética y de la creatividad.

 

Enrique Hernández Pérez

 

Roma, 18 julio 2021

 

 

 

 

 

 

 

 

PARALLELO 10. DOCE ARTISTAS VENEZOLANOS CONTEMPORANEOS

Exposición colectiva de pintura 

 

Museo Pietro Canonica Villa Borghese

Viale Pietro Canonica 2

26 junio – 22 julio

Inauguración: 25 junio, 18.00 horas

Horario: de martes a domingo, de las 13.00  a las 19.00

Entrada 5 €uros

 

 

Descarga el depliant

La atmósfera de fines de siglo del Museo Pietro Canonica en el parque Villa Borghese son el escenario de la Muestra “Paralelo 10. Doce artistas venezolanos contemporáneos”, exposición colectiva de pintores realizada en colaboración con la Embajada de la República Bolivariana de Venezuela, curada por Enrique Hernández, uno de los artistas expositores.
Enrique Hernández Pérez, Barco que navega en el Río Verde

 

El nombre de esta exposición colectiva parte de la definición de la línea imaginaria que en Venezuela se cruza con el meridiano 70, e identifica Barquisimeto, la región larense de donde provienen los doce artistas contemporáneos. Todos están vinculados a la experiencia plástica a partir de lenguajes propios y emergentes, dando interesantes lecturas sobre la realidad de su entorno. El resultado es una muestra que entrega una imagen poliédrica de lo que es Venezuela hoy, como la exposición precedente, Na’ Guará, término coloquial de Lara, que expresa al mismo tiempo felicidad, ira, tristeza, emoción, admiración, estupor, que realizaron los mismos artistas en marzo de 2013 en el Museo Alejandro Otero de Caracas.

 

Fotos de la inauguración
Fotos de las obras en muestra

La muestra “Paralelo 10” es, asimismo, un homenaje al pintor Simón Gouverneur, Director de la Escuela de Bellas Artes “Martín Tovar y Tovar”, y a la poetisa Beatrice Viggiani, italiana de origen, pero venezolana de espíritu, condición que se refleja en gran parte de su producción poética y en su gran contribución a la cultura del país. 

  

Museo P. Canonica: inauguracion del 25 de junio 2014

Museo P. Canonica: inauguracion del 25 de junio 2014

 

Entrevista del 26 septiembre 2014

Entrevista del 16 marzo 2001

Comisario: Enrique Hernández Pérez

Artistas: David Escobar, Luis Galíndez, Roseliano García, Henry Gil, Miguel Granado, Enrique Hernández, Joel Pacheco, Pablo Pérez, Rafael Reyes, Manuel Rivero, Luis Rodríguez, Rodrigo Rodríguez.